Muchos la veneran por su variedad paisajística, clima fresco de montaña y gastronomía, pero hay quienes la desestiman por su agitado ritmo de vida, alta densidad y caos vehicular. Caracas es así: una ciudad que desata pasiones encontradas, lo que la hace difícil -pero no imposible- de corregir. Por ejemplo, en el Manifiesto de Cartagena de 1812, Simón Bolívar se definió como “un hijo de la infeliz Caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas”. Mientras que el escritor Gabriel García Márquez, un siglo después, admitiría sentirse atraído por la “locura sin límites y su sentido experimental de la vida”, refiriéndose a dicha urbe venezolana.

Caracas es el reflejo de un anhelo inconcluso, del ímpetu avasallador de la modernidad a medio andar, del crecimiento apresurado e imperfecto. Para el antropólogo del Centro de Estudio de Transformaciones Sociales, Ciencia y Conocimientos (Cetscc) del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Víctor Pineda, la capital “manifiesta, a través de su materialidad, el apego a elementos propios de una sociedad desarrollista y extractivista, fruto del capitalismo y la cultura rentista”.

 photo Primer plano de la urbanizacion Valle Arriba en el fondo la parroquia El Valle. Foto Cortesia Francisco Javier Ruiz.jpg

Uso prioritario del automóvil y motocicleta en detrimento del tránsito peatonal, inapropiada distribución espacial, contaminación atmosférica, exceso de tráfico y servicios insuficientes, son algunas características que distinguen a la metrópoli caraqueña en particular y a las áreas urbanas en general.

Y no por azar. La mercantilización del suelo y consecuente desmovilización de poblaciones históricamente excluidas, han configurado “un paisaje fragmentado entre las minorías de ricos ocupando los espacios mayor y mejor equipados, y las mayorías de pobres expulsados a sectores marginales; es decir, una ciudad de mucha miseria y opulencia en un mismo tiempo”, afirmó el trabajador social del Cetscc del Ivic, Luther Rodríguez.

 photo Herramientas e insumos de construccion de viviendas en barrio El Onoto parroquia Caricuao. Foto Cortesia Francisco Javier Ruiz.jpg

¿Fiera domable?

Aunque Pineda reconoció que Caracas “es una ciudad hostil en su textura y práctica, evidencia de un problema global complejo”, todo no está perdido para Rodríguez, pues la asunción de “caos” pudiera estar en entredicho. “Si creemos que eso es cierto, tendríamos que pensar que existe un patrón de orden al cual la ciudad debe estar ajustada y que de hecho no lo está”.

Para Rodríguez, los grupos económicos dominantes han impuesto una tendencia homogénea de cómo se debe ordenar la vida en las ciudades, “por encima de las mayorías y sus diversidades de culturas y hábitats en el que vivimos”, dijo. Ante esa situación, Pineda sugiere “encontrar otro modelo de vida o simplemente dejaremos de existir. Caracas tiene esperanzas, igual que la humanidad entera”. Y ambas necesitan esperanzas, porque según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de la mitad de la población del planeta vive actualmente en zonas urbanas y se estima que para el año 2050, 70% de los habitantes del globo vivirá en pueblos y ciudades.

¿Cuál es la solución para afrontar ese escenario de abundancia de personas y disminución de recursos para sostenerla? La OMS sostiene que además de la planificación, saneamiento, adaptación a desastres naturales y propiciar hábitos saludables, se deben incorporar a las comunidades en la toma de decisiones.

 photo Mural colectivo de reconstruccion historica elaborado en el marco de la investigacion y documental del Ivic. Foto Francisco Javier Ruiz.jpg

Para lograrlo, el sociólogo del Cetscc del Ivic, Francisco Javier Ruiz, extendió la invitación a la construcción colectiva de ese nuevo modelo, sin que ello signifique “una camisa de fuerza para copiar patrones sino la proyección de distintas modalidades de convivir desde lo común y desde abajo, es decir, desde la interpelación diversa pero articulada y desde el ámbito de las políticas públicas”, indicó. Ese salto supone, además, el inicio de una disputa conceptual acerca del urbanocentrismo (centralismo de lo urbano), el cual se ha reforzado por el rentismo petrolero. “El sujeto urbanocéntrico venezolano suda petróleo, porque es desde su extracción que deriva nuestra cultura. La cosmogonía urbanocéntrica se nutre de la artificialización de la vida”, sugirió Ruiz.

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Ideas sobre concreto

Desde los laboratorios de Estudio del Espacio Público y de Bioética y Biopolítica del Ivic, se lleva a cabo el proyecto investigativo Constitución, elaboración e implementación de un espacio público participativo en la Venezuela del siglo XXI -a cargo de la jefa del Cetscc, Ximena González Broquen-, en el cual se analizan y reconstruyen, desde las ciencias sociales, otras dimensiones urbanas en la Gran Caracas. En total, se levantó información en las comunas El Onoto en Caricuao, La Veguita en Macarao, Santa Rosa en el 23 de Enero y El 70 en El Valle. De igual manera, se registraron las experiencias de los Campamentos de Pioneros Movimiento de Pobladores en las parroquias El Paraíso (“Eulalia Buroz”) y Catedral (“Mujeres Vencedoras”); además de la intervención del Estado a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela en Ciudad Tiuna y Ciudad Caribia.

Como resultado, se produjo un largometraje documental de 90 minutos de duración con el apoyo de la Fundación Villa del Cine, donde se condensan 54 entrevistas y más de 70 horas de grabación. Ciudad Tiuna representa al Estado como constructor de viviendas. “Es quien diseña la infraestructura, entrega los materiales y contrata la mano de obra”, comentó Pineda. Del otro lado se ubica el barrio Santa Rosa en el 23 de Enero, donde las comunidades trabajan en coordinación con la Alcaldía de Caracas y otras instancias públicas. “La gente participa en el diseño, administración de los recursos y mano de obra (la mayoría es local), pero hay presencia del Estado a través de las misiones sociales”, dijo.

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El campamento de pioneros “Mujeres Vencedoras” y el barrio El Onoto en Caricuao constituyen un nivel más audaz de organización: la autogestión. “Aunque los fondos provienen del Estado y los residentes apoyan el proyecto político del gobierno, ellos deciden cómo se organizan, cuáles terrenos escogen y cómo los ocupan, amparados por las leyes vigentes”, informó el antropólogo del Ivic, Víctor Pineda.

No obstante, todas esas reformas se están edificando en Caracas, la ciudad “infeliz” descrita por El Libertador. ¿Por qué seguir poblando un territorio complejo? Aunque no se debe desdeñar el aumento poblacional de zonas como Charallave, Cúa, Guarenas, Guatire y los Altos Mirandinos, de acuerdo con Pineda la superpoblación es más una sensación que una realidad; las migraciones así como algunas propiedades abandonadas o subutilizadas, son indicadores que lo confirman. “Caracas está viviendo un proceso de agrandamiento y despoblación, pero también hay mucho desordenamiento espacial. El problema no es tanto la cantidad de personas sino el uso que se hace de la ciudad”, aseguró Pineda.

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Hacia la urbe que queremos

Un grupo de ciudadanos preocupados por el destino de la ciudad elaboró la Carta de Caracas 2015. Allí se recogieron las conclusiones del segundo simposio Pensar la ciudad: realidades, procesos y utopías, organizado por la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), la Escuela Venezolana de Planificación, el Museo Nacional de Arquitectura y el Ivic, en el cual participaron Víctor Pineda, Luther Rodríguez y Francisco Javier Ruiz.

En ese documento se plasmó la urgencia de lograr “una ciudad que sea en lo fundamental el resultado del Bien Común (…) favoreciendo no solo el derecho a la ciudad sino también el derecho a otra ciudad más justa y controlada (…) en un contexto de cooperación, ayuda mutua, reciprocidad e intercambios solidarios”. Pero en lugar de refugiarse en un término asociado al fenómeno del cambio climático global (adaptación), Ruiz recomienda algunas premisas para consolidar una verdadera transición.

Entre otros aspectos, el sociólogo del Ivic citó la visibilización y defensa de “territorios alternativos al sistema hegemónico capitalista, productivista y consumista”; la promoción de la ecologización, es decir, la incorporación de “la rica simbiosis entre el ser humano, su hábitat y la necesidad de producir lo que se consume”; y el impulso de la ciencia, los saberes y la inventiva “al servicio de la comunidad ecológica y no tributaria a la mercantilización de la vida y los conocimientos”. La Caracas del futuro, esa que muchos sueñan ver construida, espera por los aportes de sus moradores para erigirse entre el pluralismo de ideas y la diversidad de sistemas ecológicos con sus inseparables interacciones.

Fuente: Vanessa Ortiz Piñango / Prensa Ivic

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