Perseguido por su negativa imagen con respecto al impacto ambiental, el automovilismo, con la Fórmula 1 como emblema, está obligado a prestar una especial atención e innovar en materia de tecnología para asegurar, nada más y nada menos, que su propia supervivencia.

«La situación de la Fórmula 1 será insostenible si los costos no se reducen a un tercio en los próximos años», declaró hace unos meses Jean Todt, presidente de la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

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Fórmula eléctrica

Con estas palabras, Todt también se refiere a la situación económica de los equipos menos relevantes, cada vez más endeudados, en un deporte por naturaleza anacrónico con la situación de crisis financiera mundial.

Elegido en 2009, el exdirector de Ferrari quiere liderar un cambio global en su deporte, empezando por el incremento en la utilización de las energías renovables, desarrollando categorías menos exigentes y bulliciosas, más «ecológicamente correctas» sería la expresión indicada.

La revolución está prevista para 2014. Ese año debe comenzar el campeonato de Fórmula E; con monoplazas eléctricos que sólo alcanzarán los 180 kilométros por hora y que se disputará en circuitos urbanos.

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Sistemas híbridos

También para 2014 está previsto que entre en funcionamiento la restricción de la cantidad de combustible en el campeonato del mundo de resistencia, lo que supondrá un ahorro de entre el 20% y el 30% según la FIA.

Por último, dentro de poco más de un año, la reglamentación sobre los motores de los monoplazas de la Fórmula 1 se centrará en la tecnología eléctrica, ya híbrida gracias al Kers, sistema de recuperación cinética impuesto por la FIA en contra de la opinión del gran patrón de la Fórmula 1, Bernie Ecclestone.

La relación entre los dos organismos no es la mejor debido a las diferencias de criterio con respecto a varias normas introducidas en los últimos años. La limitación de las horas en el túnel del viento, el número de motores o las cajas de cambios disponibles para cada piloto han sido elementos de confrontación entre las dos partes.

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Problema de imagen

Sin embargo, la asociación de constructores (FOTA) se ha comprometido a reducir su emisión de carbono en un 15% en los próximos años.

La mayor parte de los responsables del automovilismo no se atreve a reconocer que su deporte tiene un problema de imagen relacionado con el ambiente aunque un gran premio de Fórmula 1 tiene un costo relativamente insignificante en términos de consumo de combustible y emisiones de carbono. «Sí, tenemos una imagen de derrochadores, pero no contaminamos más que otros acontecimientos», señaló Niclot.

«Al mismo tiempo, el automovilismo ha contribuido siempre al desarrollo de vehículos de serie. Ha permitido que se fabriquen carros más seguros, más limpios, que permitirán afrontar los retos del agotamiento del petróleo y de la protección del medioambiente», relató el director.

En realidad, el problema de los deportes de motor es prácticamente el mismo que los grandes eventos de otras disciplinas. Tanto en un gran premio de Fórmula 1 como en un partido de Fútbol, el 80% de la contaminación ambiental está relacionada con los viajes de los protagonistas y espectadores. Con una veintena de pilotos y monoplazas, el derroche es mayor en términos de reputación que de carbono.

Fuente: AFP, http://noticias.terra.com.co, Agencias

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