En el mes pasado, se celebró en Glasgow el 18º Congreso Semex de la industria láctea del Reino Unido. El tema más caliente: el auge de la “marea vegana” entre los jóvenes y cómo salvar el sector. Según The Scottish Farmer, en un clima de preocupación, los ponentes alertaron de que, para sobrevivir, la industria láctea debe urgentemente contrarrestar los argumentos veganos. “Aunque los veganos son menos del 1% de la población, su voz es fuerte y apasionada”.

La Dra. Judith Capper, consultora y ganadora del Premio Anual de la Industria Láctea en 2017, declaró: “Hay que desmontar mitos. Si los consumidores no compran nuestros productos, no tendremos industria láctea en 5 a 10 años”.

Capper recomendó no atacar el veganismo frontalmente (“saldríamos perdiendo”) sino aumentar aún más la influencia de la industria láctea en los mensajes de salud y de medio ambiente.

La Dra. Judith Bryan, presidenta de Dairy UK (asociación de todas las empresas del sector), dijo que no se quedarían con los brazos cruzados y anunció el lanzamiento de una campaña de propaganda en metros y trenes por valor de 1,69 millones de USD. Además, instó a los mismos granjeros a usar sus cuentas en las redes sociales y defender su causa.

Transformarse o desaparecer

La preocupación entre los líderes del sector lácteo es comprensible. El increíble aumento en la demanda de leches vegetales –con la consiguiente disminución en el consumo de leche animal– no se debe sólo a los veganos, sino que es una tendencia de consumo a nivel global.

Desde un punto de vista vegano, se trata de una excelente noticia. La industria láctea representa una de las actividades más crueles que podemos imaginar. Además, completa el puzzle de la explotación animal, haciendo rentables otros negocios basados en la carne, la piel, los huesos u otros restos de mamíferos.

Ver cómo la industria láctea (con sus billones de dólares, sus consultores, sus siglos de tradición y sus mentiras incrustradas en nuestra cultura) se siente amenazada por el movimiento vegano (con nuestras pequeñas donaciones, nuestro activismo, nuestros pocos años y nuestras verdades) me hace pensar en un gigante temeroso ante una hormiguita. Y no me río de ellos, al contrario. Tienen todas las razones del mundo para estar preocupados y buscar soluciones.

Pero se equivocan si eligen luchar, directa o indirectamente, contra el veganismo. Una opción mucho más inteligente y segura es empezar a transformar su modelo de negocio. Cada año, la industria láctea consume millones de toneladas de soja, cereales y agua para alimentar al ganado. ¿No sería mejor empezar a producir leches vegetales y dejar en paz a las mamás y a sus terneritos?

Nosotros, por nuestra parte, haremos lo posible para hacer realidad las palabras de la Dra. Capper: “no tendremos industria láctea en 5 a 10 años”.

Fuente: http://vitaminavegana.com/blog/, Agencias

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