Alrededor de 400 millones de personas viven con infección crónica del virus de la hepatitis B (VHB) o hepatitis C (VHC) en el mundo, advirtió hoy en un comunicado la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La OMS instó, en el Día Mundial contra la Hepatitis, a los formuladores de políticas, trabajadores sanitarios y la población en general a actuar para prevenir las infecciones y muertes provocadas por el virus de la hepatitis.

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Enfermedad infecciosa

Ese grupo de enfermedades infecciosas virales, que comprende las hepatitis A, B, C, D y E, afecta a cientos de millones de personas en el mundo entero, pues provocan hepatopatías agudas y crónicas, y causan la muerte de cerca de 1,5 millones de personas cada año.

A su vez, el virus de la hepatitis E puede inducir una mortalidad del 20% entre las mujeres embarazadas en el tercer trimestre de la gestación. Cada año se registran unos 20 millones de casos de infección por el virus de la hepatitis E, más de tres millones de casos agudos y 56 mil 600 defunciones relacionadas con esa hepatitis.

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Estas infecciones crónicas son responsables de más de la mitad de todos los casos de cirrosis hepática y casi tres cuartas partes de los de cáncer primario de hígado, señaló por su parte la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer.

La OMS estableció una campaña mundial para la sensibilización, fomento de alianzas y movilización de recursos con vistas a la prevención de la transmisión, así como la detección, atención y tratamiento de esos padecimientos.

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Inflamación del hígado

La hepatitis es una inflamación del hígado cuya afección puede evolucionar hacia una fibrosis (cicatrización), una cirrosis o un cáncer de hígado. Esa enfermedad también puede deberse a otras infecciones, sustancias tóxicas (por ejemplo, el alcohol o determinadas drogas) o enfermedades autoinmunitarias.

La hepatitis A y la E son causadas generalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados. Las B, C y D se producen de ordinario por el contacto con humores corporales infectados.

Son formas comunes de transmisión de estos últimos la transfusión de sangre o productos sanguíneos contaminados, procedimientos médicos invasores en que se usa equipo contaminado y, en el caso de la hepatitis B, la transmisión de la madre a la criatura en el parto o de un miembro de la familia al niño, y por el contacto sexual.

La infección aguda puede acompañarse de pocos síntomas o de ninguno; también puede producir manifestaciones como ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos), orina oscura, fatiga intensa, náuseas, vómitos y dolor abdominal.

Fuente: EFE, Agencias

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